El doctor

Esta película da una visión del sistema sanitario desde las dos perspectivas protagonistas: el que enferma y el que cura. Cuando están los dos roles aunados en una persona podemos apreciar la diferencia que hay vista desde una parte y de otra. Digamos que el médico tiene una postura objetiva, la cabeza fría para tomar decisiones y solucionar el problema base, pero en este caso además es un ser lejano a las preocupaciones de sus pacientes, frío e insensible. El paciente es sin embargo una persona indefensa ante un mal que no entiende y no puede solucionar por sí solo. En ese momento de fatalidad lo único que quiere es que le saquen de la situación en la que vive asustado, enfrentándose al dolor, la incapacidad para desarrollar su vida normal y planteamientos sobre su futuro y la finitud de su existencia en algunos casos.
En esta película podemos ver el cambio que da el protagonista cuando pasa de estar detrás a delante de la mesa de consulta, cómo le cambia la mirada que al principio desprendía arrogancia, y luego transmitía vulnerabilidad y suplicaba comprensión.
De esto debemos reforzar la idea que todos, antes que profesionales, somos personas y así tenemos tantas posibilidades de estar en la situación de nuestros pacientes como ellos, por eso y por el respeto al que sufre y al que podemos tenderle la mano sin dañarle más de lo que está, debemos tratar de, en la medida de lo posible, empatizar con la gente que llega y pone su salud en nuestras manos y hacerle su paso por el sistema sanitario lo menos traumático posible.
Siempre he creído que no sólo hay que respetar al paciente, sino además hacerle sentir respetado. Marina de la Casa Ponce (H.U.V.R.)

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