La película trata sobre un médico, concretamente cirujano, cuya forma de ejercer la medicina es bastante cuestionable. Desde el punto de vista puramente técnico es posible que sea satisfactoria, y los resultados de sus intervenciones pueden ser aceptables, pero carece de cualidades humanas, empatía, comprensión, diálogo e incluso atenta contra la dignidad de sus pacientes en diversas ocasiones al principio de la película.
Me llamó la atención especialmente una escena en la que entra en la consulta y hay una mujer esperando en la camilla porque ha sido recientemente intervenida. El médico entra y en ningún momento saluda a la mujer, más aún, en ningún momento le dedica una mirada salvo para ver la cicatriz. La mujer se muestra preocupada, y lejos de ayudarla ofreciéndole la información que demanda sobre qué pasará con la cicatriz, el médico se deshace con un chiste cruel, inapropiado y totalmente fuera de lugar en esa situación; sin duda esa señora en la vida real no volvería a consultarle ninguna duda o preocupación, no podrá confiar en él, el vínculo médico-paciente ha desaparecido.
Sin embargo la película, la vida y la actitud del protagonista dan un giro radical a raíz de ser diagnosticado éste de una neoplasia maligna de laringe. En este momento el médico sufre por él mismo lo que se siente desde el otro lado, siendo el paciente, más aún porque el médico encargado de llevar su enfermedad es un una mujer con una forma de ejercer similar a él. En este punto de la película me llamó mucho la atención, además de la actitud de esta doctora durante toda la exploración, especialmente la forma tan fría de informar sobre el diagnóstico de un cáncer, sin dar más información, ayudar, consolar…y sobre todo porque inmediatamente después de dar el diagnóstico se levantó y se fue.
Durante todo el tratamiento de la enfermedad el protagonista sufre largas esperas, colas, cancelaciones de citas y tratos indebidos de los que fueron sus propios compañeros.
Al final de la película el médico recurre para que le intervenga a un médico con el que precisamente no tenía buena relación al principio de la película, porque no era de su condición, pero después de todo lo vivido se da cuenta de que es el único en el que puede confiar; la operación parece exitosa y el cirujano puede reincorporarse, no sin antes dar una lección sobre cómo ponerse en el lugar de los pacientes a su propio equipo de trabajo.
En mi opinión creo que no debería ser necesario llegar a esos extremos para que un médico se pare a reflexionar sobre su modo de ejercer y lo que sentirán sus pacientes, pienso que eso es algo que debe tenerse siempre presente y desde la facultad integrar las habilidades técnicas y conocimientos científicos con las cualidades humanas y de comunicación, ya que todo forma parte del ejercicio correcto de la medicina, desechando el mal concepto de que el médico más profesional es aquel que se limita a curar. Como bien explica la película nunca debemos olvidarnos de que aquel que espera en la camilla podría ser un miembro de nuestra propia familia, o nosotros mismos, y nuestro objetivo siempre será velar por su salud, en todas las dimensiones que abarca este concepto. EBS.
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